VIII

Quisiera caminar y caminar, perderme en tus entrañas y estrellarme sobre las rocas de tu cuerpo. Dar un paso más allá del acantilado, darlo fuera de ti, para convertirme en un adiós muy lejano que no recordarás; ni siquiera cuando el río de un llanto desemboque en la mar de tu cuerpo y unos ojos que no sean los míos te guíen como un faro a la costa, cuando estés en otro cuerpo, en otra playa, hundiéndote de placer en una arena más lejana, recogiendo conchas y corrales que prendes cual tibios besos en sus cabellos.

Ahogarme en una carcajada de mí misma y de esta vida, de un tú y yo en el lugar de un nosotros. Sí, reír y reír hasta irrumpir en llanto postrada ante ti, llorar cada gota que conforma la eternidad y ahogarte en ella para cuando vuelva a mirarte ya no seas huracán que dañe mi mundo mudo y a veces seco.

3 de septiembre de 2008

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